Salud

Desde siglos anteriores, el vino, antes de ser una bebida placentera para los sentidos fue un remedio, un antiséptico, un euforizante de la guerra, y un alimento de los campesinos.

Un fenómeno interesante del que da cuenta el mundo de la medicina es el hecho de que Francia, un país con alto consumo de grasas en sus comidas presente un bajo índice de muertes por accidentes cardiovasculares. Más tarde se advierte la correlación entre el consumo de vino, especialmente tinto, y el magro indicador.

Analizando los granos de uva se descubre que el hollejo de la uva tiene una serie de propiedades que benefician al sistema cardíaco y al intervenir en el proceso de vinificación durante un tiempo mucho más largo en los vinos tintos que en los blancos, hacen que aquellos contribuyan más eficazmente a la salud del corazón.

Una copa de vino bebida con las comidas posee 5 veces más poder antioxidante que un vaso de jugo de naranja. Así, secuestra radicales libres de oxigeno y del nitrógeno, evitando la agregación plaquetaria de colesterol en el sistema circulatorio y lesiones celulares. Hasta el famoso Doctor Cardiocirujano René Favaloro recomendaba 2 vasos de vino tinto para prevenir y superar cardiopatías.

También se ha comprobado que previene el envejecimiento prematuro de células de la memoria (mal de Alzheimer). Y los vinos blancos no se quedan atrás, aquellos de prolongada crianza poseen aminoácidos que tonifican el torrente circulatorio.

Y las investigaciones no terminan allí. Un importante contenido de resveratrol, descubierto recientemente en los vinos tintos de intensa maceración, presenta una propiedad preventiva sobre la formación de células tumorales, generadoras de cáncer de esófago, estomago y colon. En las mujeres previene el cáncer de mamas.

El vino también presenta un poder antiséptico. La relación molecular del alcohol, ácidos naturales y polifenoles activos, permiten controlar infecciones de bacterias como la salmonella, clostridium, cólera de los alimentos dudosos y algunos virus de la gripe.